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Titulo: Aún en la muerte.
Reto: ¿Qué reto? Reconozco que no puedo responder al reto. Sin embargo, éste drabble comenzó a ser escrito antes de que la dueña tuviera la magnífica idea de aceptar el clamor popular, por lo que me tomo el derecho de publicarlo. Además, la susodicha se largó del msn antes de que pudiese terminar el drabble y por lo tanto preguntarle. Eso es lo mismo que darme la autorización ¿No es así?
No me salté los demás datos. Los coloqué al final simple y llanamente porque sería incapaz ¡Incapaz! de arruinar la sorpresa :).

Ambos fantasmas se encontraron por vez primera gracias al mapa de la muerte, que, al igual que El Mapa del Merodeador, identifica a todas y cada una de las personas que comparten una característica muy particular. Técnicamente, éste hace posible encontrar cualquier persona en el mundo, siempre que esté muerta (y se haya convertido en fantasma). Inclusive hace posible la localización de personas aún vivas, siempre que algún fantasma tenga noticias sobre ella, y, lo que es aún más importante, que la persona buscada viva en un area en donde, por lo menos, haya muerto una persona.

Melquíades, quien en vida fuera capaz de unir equilibradamente ciencia con mercantilismo, se interesó en Nick gracias al anuncio que hiciese aquel sobre la fiesta-aniversario de su decapitación, la cual llevaba a cabo desde fielmente todos los años desde 1492.

Nada impresionante, por supuesto, hasta la llegada de aquellos graciosos caballeros que hicieron su entrada triunfal cabeza decapitada en una mano, riendas en la otra.

“¿Quiénes son? Preguntó Melquíades al fantasma que tenía a su lado.

“El club de los Cazadores Sin Cabezas,” respondió éste. “Aquel que ves ahí haciendo malavares con la suya es su presidente, Sir Patrick, quien nos merece el mayor de los respetos y admiración.”

“Te ha rechazado como miembro,” dijo Melquíades. No era una pregunta. “¿Cuál es tu nombre?”

“Sir Nicholas de Mimsy Porpington,” respondió muy dignamente el otro fantasma; todo lo dignamente que le permitían las dos manchas plateadas en sus mejillas. “¿Con quién tengo el honor?”

Cuando respondió, Melquíades se dio cuenta de que su interlocutor esperaba algo más de él. Por ejemplo, un apellido digno al cual dirigirse. “Soy gitano,” agregó, y el rostro de Nick se puso del color de la plata fina.

“Bienvenido a mi fiesta, gitano Melquíades. ¡Espero que todo sea de tu agrado!” Nick intentó flotar hacía las viandas, donde un variado grupo de conocidos se estaban sirviendo porciones de carne putrefacta y gusanos, entre otras cosas. Estar entre ellos, pensaba, no le harían sentir tan nervioso como la mirada imperturbable de aquel extraño.

“Espera,” dijo Melquíades, deteniendo con ello efectivamente el conato de escape.

**

“Y te llaman Nick-casi-decapitado.”

“Sí.” El contenido de una cuchara llena de flan conectó con el suelo, dejando una marca amarilla-verdácea en el pasto. “He insistido en que se termine de asociar mi nombre con tan indigno apodo, pero-“

“No te hacen caso”

“¡Exactamente!” asintió frenéticamente Nick, con lo que su cabeza se balanceó peligrosamente sobre su base. Melquíades, en un movimiento casi automático, apoyo la palma de su mano contra la mejilla de Nick.

“Gracias.”

Melquíades negó, esbozando la que quizá era su primera sonrisa en toda la velada. “Creo que tengo la solución para tu problema.”

Nick abrió mucho los ojos. “¡¿Qué?!” preguntó incredulamente. Al ver que Melquíades no se reía de él continuó. “Yo...” Su tono de voz era dubitativo. “¿Es verdad?”

Melquíades asintió. “¿Qué quieres a cambio?”

“Nada,” Nick se sobresaltó, “que no puedas darme.”

“Cualquier cosa.”

“Tenemos un trato.”

**

“Entonces después de que regreses de tu país natal, Columb-“

“Colombia.”

“Colombia,” repitió torpemente Nick y sin ningún acento latinoamericano. “Me lo entregarás.” Sus mejillas volvieron a teñirse de vergüenza.

“Sí.”

Nick se hubiera lanzado sobre su nuego amigo, de no haber dudado si aquel apreciaría o no el gesto. En cambio se conformó con tomar la misma mano que sostuvo su cabeza y estrecharla. “¡Gracias, muchísimas gracias!”

“No tienes porqué agradecerme.”

Nick negó quedamente. “¿Qué dices? ¡Me has salvado la vida!”

“Nick,” dijo Melquíades nuevamente con aquella sonrisa. “Ya estás muerto.”

“Es solo una expresión” Nick se encontraba tan feliz que no encontraba como sentirse enojado. De pronto se le ocurrió una pregunta. “¿Por qué tienes que regresar ahí de todas maneras? Me has dicho que lo tienes que buscar en la India.”

“Un asunto pendiente,” Melquíades frunció el ceño, mirando ausentemente hacia la fiesta que habían dejado atrás. Si su reacción se debía a enfado u otra cosa, Nick no podía distinguir.

“¿De qué se trata?” preguntó con preocupación.

Los ojos de Melquíades se enfocaron repentinamente sobre él, causando que olvidara que no se suponía que los fantasmas sintieran escalofríos.

“Terminará pronto,” Nick no se atrevió a insistir nada más. “Ahora sigueme contando sobre éste mundo tuyo, especialmente sobre aquel anciano que dices que es sabio.”

“Albus Dumbledore.”

“Él,” Melquíades sonrió. “Quisiera conocerle.”

*fin*

Fandom: Harry Potter y Cien Años de Soledad.
Autor: J.K Rowling y Gabriel García Márquez.
Advertencias: Si viste slash en esto estás muy enfermo(a).
Palabras: 700 y tantas.
Raiting: PG-13.
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